Delirios de medianoche

Estándar

Noches como estas me hacen delirar. De hecho, últimamente me es un hábito delirar antes de dormir. Esa sensación de embriaguez no se aparta de mi ni un instante, quizás sea debido a lo intenso que está siendo todo en tan corto espacio de tiempo.

Embriagada de experiencias.

Cada vez que miro la ventana de mi habitación, con las velas encendidas a un extremo, con la barita de incienso consumiendose al otro…siento un extraño deja vú. Es como si algo dentro de mi me dijera que ya he estado aquí antes o que, por motivos desconocidos, debía estarlo. Esa agridulce -más dulce que agria- sensación de que estoy en el camino correcto chispea por mis venas contínuamente. Me siento tan diferente…en tan poco tiempo mi vida está cambiando tanto y está dando giros tan drásticos que siento a mi Ester de hace dos meses como a una desconocida.

Dejé mucho atrás. Hoy sé que mereció la pena.

Después de pasar por el peor año de mi vida, veo como todo vuelve a estar en calma. El tiempo pone todo en su lugar. El tiempo pone a cada quien en su lugar. No podría sentirme más afortunada de las personas que, una vez pasada la tormenta, siguen a mi lado aún después de todo. De aquellos que me quieren ni cuando yo lo hago, de aquellos que me conocen tanto que saben recordarme quién soy cuando me pierdo. De aquellos que nunca se cansan, y se quedan. Aquellos que habéis aparecido súbitamente y en poco tiempo habéis llenado más que muchos en años.

Mamá, ha sido un gran paso para mi poner la canción de Paradise de Coldplay en mi lista de reproducción. Hasta hace bien poco no podía oírla sin echarme a llorar. Ahora es mi canto de victoria, es mi canción de todas las mañanas, la que me hace caminar con fuerza cada día llueva o haga sol. Una niña en busca de su paraíso, de sus sueños… Quisiera que me pudieras tener en frente tan solo un momento, y ver tu cara, cómo reaccionarías al verme. Creo estar segura que sería una expresión de orgullo.

¿Recuerdas cuando te decía “Mamá, quiero viajar por el mundo y que un cachito de mi quede en cada lugar en el que esté y que alguien especial me espere en cada continente” y tú sonreías con contenta melancolía porque secretamente sabíamos que ese era también tu sueño, ese que no cumpliste por amor? He heredado de ti esa explosiva mezcla de fuerza atenazada con dulzura y sensibilidad, y sé que es lo que me hará llegar adonde quiero.

Siguiendo el método de “El mundo Azul” de Albert Espinosa, me quedo con tu paciencia y tu autodominio. Ojalá pudieras ver que lo estoy haciendo, que estoy pudiendo…pero sé que sabías que lo haría.

Continúo en busca del Nirvana, y llego a tocarlo por momentos. Maktub.

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