Qué hacer contigo

Hasta ahora había sido realmente divertido quererte,
ahora duele.
La historia de amor de película se convirtió en un dramaromance vestido de suspiros de melancolía. Por tu culpa ya no encuentro postura cómoda para dormir porque me he acostumbrado a hacerlo contigo. Por ende duermo realmente poco. Pero realmente poco. Hablo de las horas estrictamente necesarias para mantenerme viva.

No sé si esto es bonito o tan solo una locura, porque no me gusta sentirme así: vulnerable, expuesta y en tus manos -aunque me lo niegue rotundamente-.

Me niego a vivir esperando a que tu cara aparezca por la puerta, maleta en mano, afirmándome que todo esto ha terminado. No más aviones, despedidas ni cenar cuando tú comes.
Pero ya no solo eso, sino que simplemente me niego a vivir esperándote.
Esto no es divertido. Hace tiempo que dejó de serlo.
Y no digo que solo quiera la parte cool, es solo que esto me quiebra la piel y no tengo suficiente aceite para calmarla.

A momentos odio amarte.

Me da rabia.

Y el problema es que no quiero esto.
Pero por más que mi cabeza no quiere,
no soy capaz de zafarme (de ti).
Pero te prometo que voy a aprender a volar
-aún llevándote dentro a donde vaya-.
Ojalá y…
Ojalá.
Pero paso.
(Y cuanto más digo ‘paso’, más me importa).

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