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Confesiones – parte II

Es por todo aquello que no me atrevo a decir en voz alta, pero te chiva mi mirada.

Paso del pánico a la tranquilidad extrema en una sucesión de cortos y extraños intervalos de tiempo.

¿Sabes lo que es vivir la vida sin miedo? es lo más cerca que puede estarse de la libertad. Y tú y yo somos libres, cuando nos evadimos en nuestra burbuja en la que nada tiene importancia, más que tú y yo.

Los móviles sonando, nosotros metidos en nuestros pensamientos, en nuestra música, creando proyectos. Creándonos.
La telepatía existe.
Y nuestra complicidad ciega.

Tu forma de mirarme me pone nerviosa.
Me gusta la forma en que tu voz cambia de cuando hablas conmigo a cuando hablas con cualquier otra persona. Me gusta que me pidas que te bese usando “por favor”.

Mucho blablabla a nuestro alrededor, a veces nos estresamos por ello, pero la gran mayoría de las veces tan solo necesitamos mirarnos para saber que todo sigue igual, que en nuestra burbuja no entran moscas.

Sinceramente no creo que estemos preparados para todo lo que se nos viene encima. Pero estoy tranquila, porque sé qué debo hacer cuando sienta que me pierdo…

mirarte.

 

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Confesiones – parte I

Me di cuenta de que me estaba metiendo en un lío cuando con decir “él” bastaba para que tanto yo como mis amigas supiéramos que hablábamos de ti.
Y así, sin esperarlo, de un día para el otro te convertiste en el “él” de mis conversaciones.

Me parece el colmo que justo ahora, cuando ya me siento libre, autónoma, independiente; cuando por fin considero que me he hecho fuerte, justo ahora que no quería ni esperaba nada de nadie, que planeaba recorrer sola medio mundo sin apegarme a nada…cojas y vengas tú con toda tu cara a alborotarme el sistema.

Yo no quería.

Tu sonrisa y tus hoyuelos… y tus emociones escondidas bajo las gafas de sol.
Tu afición al riesgo, y mis histerias porque no lo hagas.
Tus días de estrés y nubarrones y mi absoluta certeza de que todo va a ir bien.
La pulserita de círculos verdes de la tienda de energías de Portobello.
La velita azul.
Tu cuaderno con poderes.
Tus preguntas indiscretas y mis contestaciones políticamente correctas.
Mis confesiones que al día siguiente niego o digo que no recuerdo.

Te preocupas, y luego yo me siento mal por portarme mal y que aun así tú me cuides.

Y lo que no sabes es que, cuando me propones cosas y yo te contesto con silencios, nosés o evasivas no es porque te tengo miedo, como tú dices, es porque a quien tengo miedo es a mí misma… porque estoy viendo que cualquier día de estos te digo que sí.