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Amor, tiempo y muerte

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Amor, tiempo y muerte

Nadie está velando por mí desde el cielo, señora. Mi esfuerzo y mi desvelo, es quien me sostiene. Si algo va mal, nadie me protegerá desde ningún lado. Enfrentar la realidad es de valientes. Y sana.

Así que sí, confieso que la muerte se lo lleva todo y ,quien se queda, es un superviviente.

Sé lo que es que el dolor te desgarre la garganta, sé lo que es despertarse en medio de la nada, a oscuras, sin poder ver, y con el suelo tambaleándose.
Pero te levantas, porque estás vivo.

Sentirte vivo se convierte en uno de tus mayores afanes. Esas bocas sin cepillo, se convierten en una melodía de tambores bajo tus pies. Tu cabeza está demasiado concentrada en su objetivo, como para oír otras voces que no sean la suya. Cada sonido vuelve a ti en forma de eco. Te quitas el polvo y desinfectas las heridas, las cuáles se hacen notar y, de vez en cuando, te siguen haciendo gritar.  Pierdes el miedo al dolor. De hecho, olvidas el significado de la palabra miedo.

Una vez el tiempo actúa, es liberador, el hacerse fuerte. Crecer. Autonomía. Superación.

Aprendes a hacerte colega de esas cicatrices y, a acogerlas como parte de ti. Que el tiempo no cura nada, eso es una puta falacia. El obligarte a superar es lo que cura, y el tiempo asienta.

Perdí mi brújula, hace un tiempo atrás. Ahora mis pasos los guío yo misma…
al compás de tu mirada.
Si el dolor cambia a la gente, el amor la recompone. Pero el amor está en peligro de extinción.
Era cómodo, hasta ahora, no tener ya un ‘talón de Aquiles’.
Ahora vuelvo a tener una debilidad: tú.
Has llenado mi tiempo de buenos recuerdos, de esos recuerdos que los ancianos añoran y cuentan toda la vida. Hay que tenerlos muy bien puestos para atreverse a formar parte de la vida de una guerrera. Y hay que ser muy hombre para saber besarla cuando te grita.

Produces en mí un carácter líquido. Te has adentrado en mí así, de poquito a poco, con mucha maestría y queriendo sin querer. Y ahora tú, formas parte de mí.
Juntos, cada noche, es una noche de retiro espiritual.
No sentirse parte de este mundo es el plato habitual.
“Pa’ la pinga el mundo”, como diría Aldo, cuando estamos juntos. Y cuando no, también.
Complicidad y confidencias.
Secretos y teorías.
Teorías de la conspiración. Deepweb. Yahvéh.
Que no queremos ser padres. Tendremos un perrito. “Quiero tener perritos contigo”.
Que el mundo esta muy mal…Que vámonos a la montaña.
No nos gusta la rutina, trabajar y ahorrar tan solo para viajar.
Compañeros de viaje, ese era el plan inicial ¿no? El enamorarnos fue un imprevisto.

No me interesa la basura que ofrece este mundo, perfectamente diseñada para hacernos perder el tiempo. El tiempo no es dinero, el tiempo es vida.

Estamos a bordo de un mundo que va hacia la deriva. Y no podemos bajar.