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Cristal

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La calma aparece cuando mi puerta está cerrada. Hay tantas veces en que no entiendo nada…
Un santuario entre estas cuatro paredes en que trato de substituir el oxigeno por el humo. Y…desconectar del mundo.
Vino blanco, del amargo, y música al máximo volumen para acallar al corazón.

Estoy en silencio, pero por dentro grito. Sé que nadie me escucha. Créeme que me siento más cómoda siendo así.
Perder la cabeza,porque mi cabeza no está aquí.
Oigo muchas voces a mi alrededor. Si supieran que nada de eso me importa. Escucho impasible toda esa sarna de banalidades mientras pienso en cómo salir de aquí, de este mundo. Sin embargo, asiento. Es de buena educación fingirse interesada.

Disfruto viendo otras sonrisas, aunque no sea la mía.
Me dedico a observar, observo de la mano del silencio.
Que no quiero nada, que no busco nada. Que mis lágrimas brotan en silencio y no quiero que nadie las limpie. Decepciones.

Acostumbrada a dar sin soler recibir, me acostumbré a volar sola.

Adicta a la soledad porque la gente cada vez es mas vacía.

¿Me creerías si te digo que lo veo todo, que lo siento todo? Es como ser consciente de toda la realidad y responder con…nada.

Tu cuerpo se mueve y tu alma yace quieta.
El mundo gira a tu alrededor y no va a parar por tu dolor.
Estás viendo cómo se acerca. Sabes muy bien lo que necesitas para sonreír. Nadie más que tú te lo va a dar. Tu solución está en el cristal que, aun roto, te muestra quien eres y para qué estás aquí.

El instinto es honesto y sincero, te dice la verdad. A veces duele. Quizás si confió en él mi rumbo cambie.
Por los cambios, por mi cambio.
Por la vida.
Por la libertad.
Maktub

Semillas

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Semillas

Y después de tanto tiempo, con los dedos entumecidos vuelvo a acariciar mi teclado, tras este turbulento pero cálido paso de año.
Estuve sintiéndome contrariada, por no haber tenido ni un solo minuto libre para hacer un parón y meditar sobre qué he aprendido de este año, qué quiero obtener en el siguiente…Yo qué sé, hacer la típica lista de “propositos para el 2016”.

 

Bloqueos, colapsos mentales y dudas existenciales, para variar, al no poder permitirme un momento de paz y conversación intrínseca de mí a mí.
Qué complicadita soy, de verdad.
Necesito el caos pero a la vez la calma. Soy fuego, pero busco fluir como el agua. Que fuego y agua hagan el amor, que se fusionen y consigan ese aura energético en que todo fluye sin esfuerzo pero con fuerza…

Me sancioné  a mí misma, sin embargo, por sentirme inestable a causa de ello, por sentir que perdía el equilibrio entre tanta actividad; al darme cuenta de que realmente estoy en ese punto armónico que siempre había buscado.

Esto es lo que buscaba, estar en este punto. Shukran.
Hoy, mi presente es tan intenso que no tengo tiempo para pensar ni en pasado ni futuro. Aplico de forma automática las lecciones pasadas en mi día a día, y persigo mis objetivos con ahínco de la misma forma sin pensar demasiado en el futuro.
Vivir el presente, porque el presente te absorbe, esa es la situación.
Y siento gratitud.
Porque mi presente se está apoderando de mí de tal forma que no concibo más allá de él. Y, ¿qué mejor manera de aprovechar el tiempo que absorbiendo cada gota de él?

Todo, en el más amplio y completo sentido de la palabra, se torna simple.

Hacer la maleta y deshacerla para volverla a hacer. Conocer. Aprender. Explorar. Crecer. Sentir. Vivir. Mejorar. No hay tiempo para actividades improductivas. Y mucho, mucho trabajo.
Hablo del camino hacia el éxito, pero un éxito pleno que comienza dentro de uno mismo cuando ve que está convirtiéndose en la persona que siempre quiso ser.
El éxito más que sudor exige una mente determinada, centrada y persistente en conseguir su cúspide. Seguridad. Aprender a ignorar las distracciones infructuosas con las que este mundo intenta distraernos para ser parte de esa masa homogénea a la que llamamos sociedad.
Fortaleza mental, abrir los ojos. Puentear lo usual y la mentalidad popular. Experiencias. Escucharse a uno mismo. Dejarse llevar. Pensar a lo grande. Empezar a correr pronto, porque el tiempo corre y quienes comienzan a correr antes, antes llegan a la meta. Los demás se quedan en el camino, con la vista perdida en cosas banales y cuando quieren echar a correr es demasiado tarde, sus piernas no soportan el esfuerzo. Tú posees la plenitud, porque eres consciente de ella.

Me siento despierta. Todo lo que quiero está frente a mí y lo toco. Paz interior, paz exterior, objetivos claros y compañeros de viaje con tu misma percepción de la realidad.

2

Por eso, ahora conspiro cómplice con el 2016; porque sé que este año va a marcar un antes y un después. Porque sé que cada una de las experiencias que se avecinan van a darme el barniz final que me impulsará al siguiente nivel, a una etapa más completa aún si cabe.

Y que el fin se acerca, pero estoy trotando tras él.

Música, amor puro, amistad leal, vuelos a destinos recónditos, mucha cultura y progreso continuo.

Las semillas están listas para brotar.

Maktub.

Oye mi grito

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Oye mi grito

¿Qué quiero de mi, Dios mío? Siempre buscando algo, siempre incompleta, siempre con ganas de más, necesitando ese no sé qué que ni yo sé…eterna inconformista. Si es que me agoto a mi misma, señor. Que cuanto más bebo más sed tengo. ¿Sabes a lo que me refiero?

He aprendido a ser más paciente de lo que antes era, que siempre he sido una impaciente empedernida que todo lo que quiere lo quiere ya y sino pierde el interés en ello, para qué negarlo. Pero ahora he aprendido que lo que se cuece poco a poco siempre sabe mejor. Más un punto.

He aprendido a dar más importancia al crecer que a mi ego, a amar aun cuando no me corresponden, a hacer las paces con todo lo que me hiere y con mi pasado.

He aprendido a no responsabilizar a los demás de mi felicidad o desdicha, a siempre dar sin esperar nada a cambio, a aceptar y mimar el caos de los demás, a comer con palillos chinos, a centrarme en las soluciones y no en el problema, a dejar las quejas y priorizar la gratitud.

He aprendido a dormir sola sintiéndome a gusto, a soñar bonito, a ver gente disfrazada sin asustarme y a dejarme ayudar y enseñar sin sentirme inútil por ello.

He aprendido a pensar antes de hablar, a tener autocontrol, a no romper el silencio cuando éste es mejor que lo que voy a decir, a cuidar el corazón de los que quiero, a ser reservada pero sin ser fría. A ser yo misma.

Vuelvo a ser fuerte, pero sin perder la sensibilidad…que era mi mayor miedo. Mi carácter se ha templado, estoy tranquila, en paz…y más cuerda de lo que pensé que podría llegar a estar.
Mi carácter volcánico sigue intacto, sin embargo, pero ya sé canalizarlo de forma productiva y sacarlo cuando merece.

Más diez puntos.

Y en este punto de mi vida en que todo está en orden, coge y vuelve a atormentarme de nuevo el maldito monstruo de la impaciencia y el ansia de cambio que ya comenté que vivía dentro de mi. Qué duro ha sido darme cuenta de que estas cuatro paredes que me han visto crecer ya se me quedan pequeñas, que mi lugar está por ahí, fuera, quién sabe dónde, pero ya no aquí…por el momento.

Y mientras me encontraba planeando mi próximo movimiento, sumida en mil y un planes que no terminaban de encajar…me cegó la luz.

Es el momento.

El puzzle está completo.

Maktub. 2016

Decisiones

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Algunas decisiones es mejor tomarlas con calma, hielo y licor 43.

Fue así cómo, de una noche a otra, decidí romper con todo y comenzar de nuevo. Tan solo una maleta llena de ropa, unos cuantos sueños rotos y otros tantos por cumplir.

Hay veces en que no sabes si lo mejor es dejar al tiempo colocar las cosas en su sitio, o si es momento de actuar.

Yo elegí actuar, aliándome con el tiempo. Porque algo me decía que era hora de moverme, algo grande estaba preparandose para salir al exterior en mi pecho. Lo sabía, porque sentía esa sed…

Hay veces en que sentimos sed, pero no de agua; no es una sed física. Es una sed de cambio, de vivir…provocada por el pequeño mounstro de la impaciencia que llevamos dentro.

Creo que en cada uno de nosotros conviven diferentes mounstros que nos alborotan el organismo en el momento apropiado para dirigirnos hacia nuestro destino. Y a mi ese puñetero mounstro me estaba carcomiendo y dejandome sin uñas. Así que tuve que escucharle.

Ansias de crear, ansias de conocer, de sentir, de explorar. Ansias de sentirme viva.

Porque a día de hoy sé que es aquí donde debía estar. Porque como bien dice Elvira Sastre:“uno es de donde llora, pero siempre querrá ir donde ríe”.